Crisis oncológica en Cuba: colapso del sistema de salud bajo presión económica y sanciones
Más de 70 muertes diarias por cáncer y una caída en la tasa de supervivencia infantil revelan el deterioro estructural del sistema sanitario cubano, que enfrenta una grave crisis de desabasto de medicamentos y una parálisis financiera internacional. La tasa de supervivencia de niños y jóvenes diagnosticados con esta enfermedad ha disminuido del 85% al 65% en los últimos años, lo que plantea una emergencia sanitaria de largo plazo.
De los 395 medicamentos que forman parte del cuadro básico de salud en Cuba, 300 se encuentran actualmente en falta debido a problemas de acceso a materias primas e insumos farmacéuticos. Entre marzo de 2025 y febrero de 2026, la industria biotecnológica y farmacéutica cubana registró pérdidas superiores a 134 millones de dólares, consecuencia de las restricciones de acceso a mercados internacionales. A esto se suma la suspensión de operaciones de 34 entidades bancarias internacionales que, ante el riesgo de sanciones secundarias, han dejado de facilitar transacciones necesarias para la adquisición de insumos médicos. La imposibilidad de acceder a tecnología con más del 10% de componentes de origen estadounidense obliga a Cuba a operar a través de intermediarios, encareciendo significativamente los costos.
En respuesta a esta crisis de abastecimiento, el Gobierno cubano autorizó en julio la gestión privada de farmacias, una medida que rompe con décadas de control estatal sobre el sector salud. Sin embargo, hasta la fecha, ninguna de estas farmacias ha iniciado operaciones formales, lo que pone de manifiesto las dificultades estructurales para implementar reformas en un entorno de crisis energética y económica simultánea. Los hospitales operan con recursos mínimos en medio de apagones que superan las 20 horas diarias, mientras que los precios de medicamentos en mercados informales han aumentado considerablemente.
Para los estrategas de salud global y los inversores en infraestructura sanitaria, la situación en Cuba representa una señal de alerta sobre la fragilidad de sistemas de salud altamente centralizados. Esta crisis pone de relieve la vulnerabilidad de estos sistemas ante choques externos sostenidos, especialmente cuando carecen de capacidad para diversificar proveedores y acceder a financiamiento internacional. En el contexto de México y América Latina, este escenario invita a reflexionar sobre la importancia de fortalecer la resiliencia de los sistemas de salud y la necesidad de garantizar el acceso a tratamientos adecuados para la población.



